| Queremos pensar en voz alta -en voz escrita- los temas que nos interesan. Reflexionar en el vacío acerca del tiempo que nos toca vivir, buscando una mirada y otra y otra; y cada una, contraria a la visión global, ajena a lo que se pretende uniforme, como si se pudiera pensar un mundo hecho de muchas miradas únicas. Lo hacemos en principio porque sí, y también porque nos gusta vernos reflejados en algún lugar del espacio. Tenemos la pretenciosa intención de establecer una marca propia que intervenga en los debates ideológicos que nos atraen. Partimos de la idea. Idea como concepto, ideas para pensar el mundo, ideas que progresan a partir de otras ideas. Ideas para leer los signos cambiantes que nos ofrece lo cotidiano y definirles un significado (un lugar en el universo de las ideas) capaz de apoyarse en aquellos discursos que amamos y entrar en conflicto con aquellos a los que nos oponemos. Zarpamos entonces a navegar en nuestra propia sopa primordial buscando, en principio, combinaciones que nos permitan construir un mito acerca de nuestro propio origen. Esperando que alguien quiera saber de donde salimos y pueda recordarlo cada vez que nos estemos olvidando. |

